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Conflictos

Desde pequeños, nos condicionan para que podamos vivir en sociedad: compartir nuestras cosas aunque no queramos, esperar nuestro turno para hablar, tratar siempre de ponernos del lado de los demás y no hacer un gran alboroto por las cosas que nos importan. Esto, por lo general, está bien en un gran porcentaje de las situaciones para vivir en sociedad; no ser egoístas y tratar de tener empatía con los demás es una parte clave de vivir y relacionarnos con otros seres humanos.
Sin embargo, tampoco podemos vivir la vida libre de conflictos. El conflicto es necesario y parte integral de nuestro crecimiento personal, espiritual y social. Aprender a pedir lo que necesitamos de los demás, aunque eso lleve a situaciones incómodas, poder explicar tu punto, refutarlo, molestarte por algo que no te gustó, no te hace menos filosófico, budista, sereno, tranquilo, pacífico o cualquier etiqueta que te hayas querido poner (o te hayan puesto) a lo largo de tu vida; simplemente te hace humano.
Lo importante es poder sacar un aspecto positivo del conflicto. Como he escrito antes, todo es gasolina y es una oportunidad para practicar la virtud, incluso en los momentos en que tu ego está en su punto más alto, como me pasa muchas veces. Reconocer en silencio tus emociones y encontrar maneras de desescalar el problema antes de que llegue a un punto de no retorno es vital en nuestro camino hacia el dominio personal y el liderazgo.
Este liderazgo personal nos permite establecer limites sin temor al conflicto, porque al final, de cualquier cosa se puede sacar algo positivo: tener curiosidad sobre la otra persona, entender, dar segundas oportunidades, buscar puntos de mutuo acuerdo, y si no los hay, al menos entender que el 98% de la población que interactúa contigo no está buscando perjudicarte porque están ocupados con sus propios problemas. Incluso cuando crees que es contigo, por lo general, son comportamientos para probarse a sí mismos, al igual que tú.
En el trabajo, en la familia y en las relaciones personales, todos tenemos nuestras reglas para ser agradables y no buscar conflicto con los demás. Sin embargo, muchas veces esas reglas nos juegan en contra para cubrir nuestras propias necesidades y tomamos decisiones que a la larga repercuten en nuestra felicidad, estabilidad económica o laboral. Siempre habrá personas más hábiles en este aspecto, que son capaces de establecer sus límites, que son capaces de hablar claramente sobre lo que necesitan de las otras personas para poder llevar a cabo algo y no tienen miedo al conflicto para llegar a un mutuo acuerdo y que todo el mundo se sienta satisfecho con el resultado. También están las personas que van tomando todo y si no les pones límites, no tendrás espacio para respirar mientras ellos caminan por el mundo a sus anchas.
Entender que no se puede ser el bueno todo el tiempo y que eso no está mal, es algo que aún estoy entendiendo y balanceando con el hecho de que también hay muchas cosas que no importan y que no puedo morir en colinas por las cuales nunca valió la pena pelear.
Parte importante del arte de conocerte a ti mismo radica en ser capaz de llevar esta dicotomía encima, tener tus no negociables claros para poder defenderlos con vehemencia cuando el momento llegue y simplemente dejar ir todo lo demás.