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Dos Flechas

El Buda tiene una historia donde explica que cada vez que nos pasa algo, dos flechas vienen hacia nuestro camino: la primera flecha duele, pero la segunda flecha duele más.
En la vida, no podemos controlar la primera flecha, pero la segunda es una reacción a la primera y sobre esa sí tenemos control.
Esta semana estuve enfermo, sin poder ir a entrenar ni hacer las cosas que me gustan, y no puedo negar que fui víctima de la segunda flecha; más de una vez me pregunté el porqué de mi situación, pero me tocó darme cuenta de que torturarme mentalmente con lo que debe ser y lo que no debe ser no era productivo, así que me concentré en sanar.
Todo proceso tiene su tiempo y muchas veces nos vamos a ver enfrentados con una realidad que no esperábamos: un negocio se cae, no nos dan esa promoción, nos enfermamos, nos lesionamos, alguien a quien queremos no se comporta a la altura, un ser querido muere.
Así mismo pasa cuando una persona nos hace mal, como decía Epicteto - todo tiene dos manijas, debemos decidir cuál queremos agarrar, la que nos hace pensar que la persona hizo el daño a propósito o la manija donde la persona es un ser humano con carencias y virtudes igual que tú.
Con esto no quiere decir que debas regresar al lugar (o la persona) que te lastimó. Perdonar no significa que tienes que volver a frecuentar a esa persona que te quitó un negocio o habló mal de ti a tus espaldas para beneficiarse, pero sí significa tener paz mental para poder dormir tranquilo sin desearle el mal por sus acciones, porque, usando el mismo concepto de la segunda flecha, esa segunda flecha duele más.
La lección es clara: no se trata de negar nuestros sentimientos negativos ante situaciones difíciles, sino de reconocer que tenemos el poder de elegir cómo reaccionar. Lejos de expectativas externas o del comportamiento de los demás tenemos una opción.
La opción de preguntarte cuando algo te pasa: ¿Estoy lidiando con la primera o con la segunda flecha?