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Golpes

Golpes
El Buda decía que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Asimismo, Marco Aurelio, uno de mis filósofos favoritos, habla sobre cómo el sufrimiento no es causado por la situación, sino por el color que le ponemos a ella, y cómo está en nuestras manos dejar de experimentarlo.
A veces es más difícil hacerlo que decirlo. Uno tiene maneras específicas de ver el mundo y espera ciertos comportamientos de otras personas. La vida, en general, nos da sorpresas, como decía la canción de Rubén Blades, y a veces esas sorpresas no son gratas. No tenemos control sobre muchas de las situaciones que nos ocurren, y nos toca adaptarnos.
El problema surge cuando tenemos una forma de pensar rígida en un mundo cambiante. Confrontamos una realidad que no se alinea con la que tenemos en nuestra mente y creamos una disonancia que puede llegar a ser incapacitante.
Las voces en nuestra cabeza comienzan a hablarnos y nos mantienen en el "no es justo", "¿por qué a mí?", "esto no era así", "yo no soy así", o, aún peor, en lugar de enfocarnos en el problema y tratar de resolverlo, lo evitamos pensando tontamente que desaparecerá si lo ignoramos.
Muchas veces, al poner las cosas debajo de la alfombra, un poquito de polvo se convierte en un monstruo de ocho cabezas.
Una de las grandes razones por las cuales practico artes marciales es que la vida se parece más a una pelea que a un baile.
La vida es impredecible y requiere fuerza, no solo física sino también mental. No es una coreografía donde todo fluye en una serie de pasos predispuestos (aunque eso es lo que el sistema te quiere hacer creer): escuela, universidad, trabajo, matrimonio, hijos, perros y la vida perfecta de consumo. Nos creemos el cuento y nos frustramos cuando nos damos cuenta de que la vida nos lanzó un jab, una recta, dos ganchos al hígado y, encima de eso, una llave de estrangulación.
Varias veces he escrito sobre matar el comfort, y esto tiene mucho que ver con la capacidad de recibir golpes y recuperarnos rápido, sin sucumbir a la desesperación. Porque mientras más tiempo pasemos en el piso, más fuertes se hacen las voces en nuestra cabeza que justifican nuestra situación y empezamos a buscar culpables en los demás.
Levantarse no es fácil, pero es la única manera de avanzar. Como en una pelea, no podemos predecir los golpes y movimientos de nuestro oponente, pero podemos entrenar para responder a ellos, prepararnos para afrontar la adversidad, crear contingencias, cultivar fortaleza mental a través de la meditación, el ejercicio (cualquiera que sea), dormir y comer bien. Desafortunadamente, toda la sociedad está diseñada para que seas frágil, dándote alimentos que no te nutren, ofreciéndote pantallas y software que te mantienen despierto con dosis de dopamina y novedad cada 60 segundos, creando estrés crónico por metas arbitrarias impuestas por otros.
Mata el confort y enfócate en lo que puedes controlar: el esfuerzo que pones en las cosas, tu actitud y tus emociones.
Entiende que las situaciones, por más difíciles que sean, se pueden salvar, y si no se pueden salvar, se puede cambiar el rumbo. Todo es una oportunidad para crecer y reajustar tu estrategia. Asimismo, la estrategia y tener tus prioridades claras le gana a querer tener lo que tienen los demás.
Mantente vigilante de tus hábitos y tu entorno, como un peleador. Practica el juego largo y no esperes resultados inmediatos. Confía en el proceso y aprende a cambiar de rumbo si la situación lo amerita.
Por tu sangre corren genes de personas que lograron muchísimo con muy poco y sobrevivieron a tribulaciones enormes, desde hambrunas, pandemias y hasta quiebras. Si te golpearon, levántate, y sigue adelante.