Impermanencia

Es un concepto del cual no hablamos mucho en la sociedad moderna, existen los viejos dichos y canciones como la de Héctor Lavoe, "Todo tiene su final" - y es una realidad colectiva que sabemos que existe, pero no tenemos presente.

Nos mantenemos ocupados - muchas veces en piloto automático, sin saber en qué se nos van los días, sin mucho que ofrecerle al mundo más allá de correos enviados, reuniones atendidas u horas en redes sociales. 

Los años pasan sin preguntarnos como encontrar la vida plena y vivimos engañados pensando que la buena vida es la vida de fama, riquezas y fortuna que nos prometen las redes sociales con sus vidas curadas que no muestran los altos y bajos de la vida que son parte normal de nuestra situación como seres humanos.

Esto no es un tratado para decir que hacer buena plata, tener acceso a la salud (por medio de hospitales, doctores, seguros, etc.) y una red de personas en las que puedas confiar para tener su apoyo no son importantes y te vayas a vivir a la montaña como un ermitaño, pero en la sociedad de los likes y la distracción - sentarte un momento a pensar hacia donde vas y lo rápido que las cosas cambian ofrece un buen ejercicio mental para bajar un poco la velocidad, alejarte un poco y ver el cuadro completo.

A veces estamos tan cerca de la situación (nuestra propia vida) que no nos damos cuenta de que nada permanece igual, nuestros hijos y amigos no son los mismos que el año pasado, nosotros tampoco, algunas cosas que nos agobiaban el año pasado probablemente nos agobien aún, pero en los próximos 5 seguramente no recordaremos que nos sentíamos así.

Muchas veces nos aferramos a una sensación, una persona, expectativas o formas de ver el mundo y nos frustramos cuando cambian, sin realmente darnos cuenta de que esa es la naturaleza de las cosas, al aceptar la transitoriedad de las situaciones podemos adaptarnos mejor a esos cambios con una manera de ver la vida diferente, ya que no podemos aferrarnos a nada - el cuerpo cambia, la mente cambia, las relaciones cambian.

Es solo en nuestro actuar, a través de la disciplina que podemos tener algún tipo de injerencia positiva (actuando o decidiendo no actuar) para poder manejar esos cambios, decidimos entrenar y comer mejor para que la vejez llegue bien, decidimos tener compasión cuando nuestra pareja o un amigo dice algo negativo o hiriente, decidimos trabajar en nosotros y a su vez influir positivamente en la vida de las personas alrededor nuestro, pero conscientes de probablemente los resultados serán efímeros y se convierten en una tarea de vida.

El momento presente es impermanente, tan pronto llega, muere para darle espacio a otro y así sucesivamente - aprender a apreciarlo es la única manera de mantenernos enraizados en él, sin preocuparnos por las faltas en el pasado (que ya no existe) ni los problemas en el futuro.

Asi mismo, nuestras acciones hoy son lo único que podrá influir positivamente en nuestro futuro - salir del piloto automático, de las expectativas, de pensar que las cosas permanecerán igual, nos mantendrán enfocados en vivir una vida de servicio para los demás, que al final es lo único que importa. 

La impermanencia representa perdidas, pero también representa cambio, y el cambio es necesario en nuestra vida para poder seguir creciendo, madurando y sacándole el jugo a nuestra experiencia humana que en algún momento dentro de los próximos 100 años llegara a su final.