Únicos

La manera en que está configurado nuestro cerebro a través de años de evolución, donde solo "el mejor" era capaz de sobrevivir y transmitir sus genes, es explotada por nuestro sistema capitalista, creando una constante tendencia a compararnos con los demás donde el puesto de trabajo, el status y el deseo de "ser mejor" nos impulsan en una carrera sin fin, como hámster en una rueda.

La tendencia a compararnos es casi tan universal como nuestra necesidad de respirar. Se han realizado estudios que demuestran que estamos constantemente evaluando nuestro status dentro de un grupo, ya sea de amigos, de trabajo o familiar.

Estos símbolos de status van desde lo más primitivo (fuerza física) hasta lo más tonto (qué comen tus hijos frente a los hijos de los demás o tu manera de criarlos). Pero aquí me gustaría proponer otra forma de ver las cosas, aceptando esta realidad que está programada en nuestro cerebro de primate.

¿Por qué, en lugar de querer ser los mejores, no nos dedicamos a ser los únicos?

En un mundo donde tu referencia ya no son tus vecinos, ni tu país, ni tu sociedad, sino un pozo sin fondo de vidas curadas de billonarios a los 20 años con sus Ferraris en Dubái, supermodelos a los 45 y familias perfectas, esta competencia exacerba el ya absurdo comportamiento de querer estar por encima de los demás en status y aumenta nuestros sentimientos de inferioridad e inseguridad que el sistema capitalista explota descaradamente, entender que eres una combinación única de genes, experiencias y eventos (imagina todo lo que tuvo que suceder para que nacieras desde que tus ancestros salieron de África) y explotar esas cualidades es una ventaja.

Donde todos se preguntan si son mejores que otros en la métrica X impuesta por la sociedad y viven queriendo más para satisfacer el vacío de no sentirse seguros donde están, hacer el trabajo de desarrollar tus talentos y habilidades únicas, compitiendo multidimensionalmente contra ti mismo es clave para contrarrestar la envidia natural que surge de querer compararnos con nuestros pares usando métricas lineales impuestas socioculturalmente (salario, numero de hijos, tamaño de la casa, posición laboral), y para mantener claridad mental cuando las dudas (o los comentarios que causan esas dudas) surjan.

Es más fácil escribirlo (o decirlo) que aplicarlo; todo el mundo te vende la autenticidad a través de nichos de mercado (punk rock, contracultura, rebelión), pero es otra cara de la moneda del ‘mainstream’.

Si no haces el trabajo de entender qué es lo que te hace único, llegarás a tus últimos días con el arrepentimiento número uno de los moribundos.

"Desearía haber tenido el coraje de vivir una vida más fiel a mí mismo y no la vida que otros esperaban de mí."

Asumiendo que viviste hasta los 80 años, haber pasado gran parte de ese tiempo comparándote con los demás y con ansiedad por “ser el/la mejor”, en lugar de haber desarrollado tus talentos y celebrado los de las personas cercanas a ti, suena como una gran pérdida, ¿no?

Tus fortalezas e ideales son únicos como el iris de tus ojos, son un mapa hacia lo que te puedes convertir - todos tenemos un mapa diferente, la trampa está en que nos hacen creer que el mapa es el mismo, no te creas la mentira.