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Responsabilidad

Desde que tenemos conciencia, somos especialistas en encontrar razones y patrones. Si has observado a un bebé tirar su sonaja al suelo mientras trata de entender la gravedad, desde que llegamos a este mundo estamos tratando de otorgarle una razón de ser a las cosas.
Y a veces las cosas no tienen razón de ser, simplemente ocurren. El punto aquí es que nuestro cerebro es una máquina perfecta para encontrar patrones, y a veces vemos cosas donde no las hay, basándonos en información anterior. Le atribuimos la responsabilidad de cosas tan personales como nuestras emociones e interpretaciones de la vida a factores externos, cuando lo único común en nuestros problemas interpersonales somos nosotros mismos.
Esto es positivo porque, al darnos cuenta del poder que tenemos sobre nuestra manera de actuar y pensar, les quitamos a los demás la capacidad de hacernos sentir mal o molestarnos. Esto no significa que no debamos expresar cómo nos sentimos o establecer nuestros límites, pero eliminamos una parte importante de la ecuación, que es lo que el Buda se refiere como la segunda flecha, la flecha del sufrimiento.
La situación pasó, pero la mayoría de las veces seguimos dándole vueltas y le damos un mal uso a nuestra creatividad. Comenzamos a buscar razones, explicaciones y a asignar responsables.
La realidad es que el único responsable de la situación eres tú; lo que te sucede es una variable que no puedes controlar, pero sí puedes controlar cómo reaccionas a la situación. Puedes decidir si lo ves como una oportunidad para crecer, para hacerte más fuerte, para seguir adelante, o si lo tomas para sentirte derrotado, si lo tomas para sentir esa ansiedad, molestia y dejarla pasar o quedarte viviendo en el pasado reviviendo un mal momento, algo que, en lo personal, aún estoy trabajando.
Porque al final, eso es lo que somos, un trabajo en proceso.
No somos una obra terminada independientemente de nuestra crianza, independientemente de que ya nuestro cerebro no sea tan plástico (pero todavía lo es), independientemente de los traumas y situaciones que hayamos vivido a nivel personal, laboral, familiar, todavía somos un trabajo en proceso, y los únicos responsables de poder dar la mejor versión todos los días somos nosotros mismos.
Y lo más importante, los únicos responsables de ponerle una nota a ese trabajo que estás haciendo eres tú; no es la sociedad, no son tus amigos, no es tu familia, no es tu pareja.
Solo tú eres responsable de cómo te sientes al final. Si le das la responsabilidad a los demás (sociedad, amigos, familia, pareja), te estás quitando ese poder divino con el que llegaste al mundo, que es el poder de forjar tu propio camino.
Al final, la vida es un juego en solitario en el que los demás personajes que te acompañan hacen que valga la pena vivirla, pero no son toda la razón para vivirla.